Encantada
Soy la voz detrás de Naautrips
Viajo desde que tengo memoria y escribo desde que aprendí que un recuerdo se olvida si no lo cuentas.
Este no es un blog de itinerarios perfectos ni de listas de "cosas que ver antes de morir". Es más bien lo que te contaría una amiga muy viajera con un café delante: los trenes que se pierden, la comida que jamás olvidaré, la vez que dormí en un aeropuerto pensando que sería una anécdota graciosa (spoiler: nunca lo es), y los atardeceres que me hicieron llorar sin motivo aparente.
Cómo empezó todo
Mi primer viaje sola tenía 18 años y un billete de tren regalado. Volví con la mochila rota, un cuaderno lleno de notas ilegibles y la certeza de que iba a hacer esto toda la vida. Desde entonces he cambiado muchas cosas —el peso de la maleta, los presupuestos, los compañeros de asiento— pero el cuaderno sigue viajando conmigo.
Por qué viajo
Viajo por la gente. Por la señora que te ofrece un té sin hablar el mismo idioma, por el taxista que te lleva a comer donde comen los del barrio, por la camarera que te cuenta la historia de su abuela como si te conociera de siempre. Los paisajes son bonitos, sí, pero lo que me traigo a casa son las personas.
También viajo porque me recuerda que casi nunca tengo razón sobre cómo debería ser un país, una ciudad o un plato de comida. Y esa es probablemente la mejor lección que me han dado los aviones.
Cómo escribo aquí
Escribo desde la convicción de que los mejores recuerdos casi nunca aparecen en el itinerario. Aparecen cuando algo se tuerce, cuando alguien te recomienda un sitio sin nombre o cuando decides girar a la izquierda solo porque sí. Por eso cada historia lleva su ficha honesta —lo que gasté, lo que me sorprendió, la mayor metedura de pata— y una reflexión final que a veces me cuesta escribir más que el resto del artículo.
Si te apetece viajar conmigo, aunque solo sea en pantuflas y con un café en la mano, tienes todas las historias esperándote.